
Cuando decides comenzar tu rutina de ejercicio para ponerte en forma, es común que después de los primeros entrenamientos aparezcan las agujetas. Ese dolor muscular que te impide moverte con normalidad puede ser desalentador, pero la buena noticia es que es completamente evitable si sigues los pasos correctos.
¿Por qué aparecen las agujetas?
Durante años se creyó que las agujetas eran causadas por la acumulación de ácido láctico en los músculos, pero la ciencia ha demostrado que esto no es así. En realidad, las agujetas son el resultado de una reacción inflamatoria natural del cuerpo en respuesta a pequeños desgarros en las fibras musculares. Cuando estas fibras se dañan, liberan sustancias irritantes como iones de calcio y potasio, que son responsables de esa sensación de dolor y rigidez.
Cómo evitar las agujetas desde el principio
La mejor estrategia es adoptar un enfoque progresivo con tu entrenamiento. Comienza con sesiones cortas y de baja intensidad, evitando esfuerzos violentos o cambios bruscos de ritmo. No intentes hacer demasiado en tu primer día. Además, nunca olvides calentar antes de ejercitarte y estirar después, incluso si sientes que ya están apareciendo las agujetas.
El calentamiento prepara tus músculos para el esfuerzo, mientras que los estiramientos ayudan a reducir la inflamación y mejoran la recuperación muscular.
Si ya han aparecido, ¿qué hacer?
Si las agujetas ya están presentes, existen varias formas de aliviar el malestar. Aplicar frío durante no más de 10 minutos tiene un efecto vasoconstrictor que relaja los músculos. Los masajes suaves realizados por profesionales también pueden ayudarte a recuperarte más rápidamente. En casos más severos, los antiinflamatorios pueden ser una opción, pero siempre bajo recomendación médica.
Lo más importante es no rendirse. Las agujetas son temporales y desaparecerán en pocos días. Continúa con tu rutina de ejercicio, pero manteniendo la intensidad moderada hasta que te recuperes completamente.
Fuente: Sanitas

