No todas las superficies para correr son iguales. Correr por asfalto, tierra de parque, hierba sintética o playa genera impactos muy diferentes en tu cuerpo. Lo ideal es acostumbrarse a variar entre diferentes superficies sin abusar excesivamente de ninguna, permitiendo que tu cuerpo se adapte gradualmente.
Clasificación de superficies según su impacto
1. Las aceras (hormigón armado)
Formadas por losetas de hormigón armado, son las superficies más duras y potencialmente más dañinas para tendones, músculos y articulaciones. El impacto repetido puede causar lesiones a largo plazo.
2. El asfalto
Más poroso y ligeramente más blando que el hormigón, pero aún posee considerable dureza. Es una superficie común pero que requiere cuidado, especialmente si corres largas distancias regularmente.
3. Superficies sintéticas (tartán de pistas de atletismo)
Mucho más blandas que el asfalto, ofrecen mejor amortiguación. Sin embargo, su elasticidad artificial puede perjudicar los tendones si abusas excesivamente de ellas. Son ideales para entrenamientos ocasionales pero no como superficie única.
4. La tierra
Cuando está bien compactada y sin irregularidades excesivas, la tierra es una excelente opción. Proporciona amortiguación natural mientras mantiene estabilidad, siendo mucho más amigable con las articulaciones que superficies duras.
5. La hierba (natural o artificial de calidad)
Es la superficie más blanda y menos dañina disponible. Tanto la hierba natural como la artificial bien lograda son las más recomendables para proteger tus articulaciones, tendones y músculos durante el entrenamiento.
Varía tus superficies de entrenamiento para fortalecer tu cuerpo de forma equilibrada y reducir el riesgo de lesiones por uso repetitivo.

