Es común que los niños pasen por etapas en las que muestran una notable pérdida de apetito. Alrededor del 90% de los niños experimentan esta situación en algún momento. Si bien durante el primer año de vida, los bebés suelen tener un crecimiento rápido y requieren más calorías, a partir del segundo año comienzan a razonar y pueden usar la negativa a comer como una forma de llamar la atención. Además, factores como el calor o el estrés emocional pueden contribuir a esta disminución del apetito.